Sea asertivo en el trabajo

Sea asertivo en el trabajo

En cualquier grupo que se respete a sí mismo, siempre hay alguien que tiene más éxito que los demás. Les ocurre a quienes, por regla general, logran ganarse la estima y consideración de sus compañeros con las formas correctas de hacer las cosas, sin recurrir a la arrogancia que puede estropear la dinámica relacional. Ser asertivo significa precisamente eso: tener la capacidad de expresarse claramente e de hacerse valer, sin faltarle el respeto a los demás. Ser capaz de orientar las elecciones y opiniones de los interlocutores, sin imponer el propio punto de vista. Un talento para encontrar y cultivar, especialmente en el trabajo donde conflictos entre colegas pueden poner en grave peligro la productividad de la empresa. Y arruinando proyectos importantes por una agresión mal gobernada. Averigüemos por qué ser asertivo en el trabajo puede marcar la diferencia y cuáles son los consejos a seguir para que nuestra opinión sea tenida en cuenta (y posiblemente recompensada) por quienes, cada día, pasan largas horas en nuestra empresa en la oficina.

Ser asertivo significa ser libre para expresarse

El sitio estadounidense Experteer.com, que destacó la conexión entre el concepto de asertividad es el de libertad (“Afirmar” en inglés significa “poner en libertad a un esclavo”), es decir, la capacidad de transmitir las propias ideas de forma consciente y autónoma. Piense en un empleado que no puede expresar su opinión abiertamente, tal vez por temor a disgustar a alguien o porque está abrumado por la inseguridad. Su actitud pasiva podría causarle muchos problemas, generando una alarmante sensación de frustración o resentimiento general hacia los compañeros. Por otro lado, quienes están acostumbrados a decir siempre lo que piensan pueden llegar a asumir comportamientos arrogantes y acosadores que terminarán envenenando las relaciones con quienes les rodean. Por eso es muy importante ser asertivo en el trabajo, pero ¿cómo te conviertes en uno y en qué debes concentrarte?

4 formas de comunicarse

Comencemos por distinguir los cuatro estilos de comunicación que pueden desencadenar dinámicas más o menos insidiosas, siguiendo el ejemplo de lo que se informa en el sitio web Experteer.com:

  • Comunicación pasiva: es la de quienes tienden a permanecer siempre en silencio (incluso cuando no están de acuerdo con lo que se dice) porque quieren evitar conflictos y no consideran prioritario expresar sus necesidades u opiniones.
  • Comunicación agresiva: es la de quienes sistemáticamente intentan prevalecer sobre los demás asumiendo actitudes moralistas encaminadas a descalificar lo que las personas que les rodean piensan, dicen o hacen. Con su hipercriticidad y agresión, este tipo de comunicador puede llegar a humillar a los interlocutores que, obviamente, no les gusta confrontarlo.
  • Comunicación pasivo-agresiva: se manifiesta sobre todo en contextos laborales, cuando sientes que no tienes demasiado poder de decisión. Por fuera uno parece tolerante y complaciente, pero por dentro es difícil reconocer la validez de lo expresado o propuesto por los demás. De este “cortocircuito” suele derivarse una actitud sarcástica, que nos empuja a buscar la complicidad de los demás, pero nos impide afrontar abiertamente el desencuentro con quienes no nos agradan.
  • Comunicación asertiva: es el punto de equilibrio entre la comunicación pasiva y agresiva. Ser asertivo significa saber cómo expresar tus emociones y opiniones, sin pisar los dedos de los demás. Hable con franqueza y, al mismo tiempo, dé a los demás la oportunidad de hablar. Las personas asertivas saben reconocer y respetar los límites que garantizan el inicio y desarrollo de un proceso de comunicación sano y rentable.

Algunos consejos para ser asertivo en el trabajo

No es difícil entender que los comunicadores pasivos sean percibidos como personas inseguras y débiles, mientras que los agresivos como individuos despóticos que prestan poca atención al “juego en equipo”. Lidiar con ellos puede ser agotador y contraproducente; por eso es crucial correr para cubrirse a tiempo. Desplácese por los consejos alineados por los expertos (que hemos reelaborado de manera personal) que sugieren cultivar la asertividad en el lugar de trabajo.

Observémonos atentamente

Prestamos atención a la forma en que nos expresamos y nos relacionamos con quienes piensan de manera diferente a nosotros. Podemos encontrar que tenemos una tendencia a atacar y descubrir que es por eso que muchos colegas prefieren no confrontarnos. Trabajemos en ello y nos capacitemos para expresar nuestras opiniones (que son legítimas para divergir de las de los demás) de forma firme pero respetuosa.

Mira lo que decimos

Por muy claras que sean las ideas en la mente, cuando nos encontramos en una situación estresante, las palabras pueden tener dificultades para salir como nos gustaría. Ser asertivo significa poder expresarse con claridad y llegar rápidamente al meollo del asunto. Preparemos un discurso, si reconocemos que el enfrentamiento con los compañeros o con el jefe nos va a causar cierta ansiedad, y seleccionamos cuidadosamente las palabras. Según los expertos, hay algunas expresiones como el adverbio “sólo” que deberían prohibirse. Decir: “Lo mío es solo una idea” no es la mejor manera de convencer a la audiencia de la validez y efectividad de su propuesta. La confianza y la capacidad de persuadir tienen un vocabulario propio, intentamos consultarlo adecuadamente.

Cuidado con el lenguaje no verbal

El cuerpo habla y, por mucho que tratemos de parecer asertivos con nuestros colegas, la forma en que nos movemos o los miramos puede revelar lo contrario. Siempre mantenemos contacto visual con el hablante, pero evitamos mirarlo con curiosidad; no asumimos posiciones intimidantes y tratamos de controlar los gestos. También prestamos atención a cómo modulamos nuestra voz y al tiempo que dedicamos a decir lo que es importante para nosotros. Ir demasiado lejos es una forma velada de arrogancia hacia quienes, como nosotros, quieren expresar su punto de vista.

Enfrentemos las diferencias

Cuando trabaja en estrecha colaboración con los demás todos los días, es fácil que surjan malentendidos o problemas de diversos tipos. No estar de acuerdo con los compañeros no es un delito, pero las diferencias que puedan surgir deben ser reconocidas y gestionadas a tiempo. No ponemos el polvo debajo de la alfombra, pretendiendo que todo está bien y que la oficina está en armonía, sino que enfrentamos la adversidad de una manera adulta. Un cara a cara con el colega con el que más no estás de acuerdo puede resultar muy fructífero y estimulante. Siempre que lo trate de una manera civilizada y respetuosa, comprometiéndose a no ser pendenciero.

La asertividad es una capacidad que debe fortalecerse día a día, partiendo del respeto a los pensamientos propios y de la consideración de los que nos rodean. Según el psicólogo estadounidense, Caroline Miller, autor de muchos best-sellers, para centrarlo completamente, es necesario saber lo que queremos, darnos cuenta de que tenemos derecho a conseguirlo y encontrar el coraje para expresarlo a los demás. Ser asertivo significa, en definitiva, dar dignidad a nuestras ideas y dar a las personas que las escuchan la oportunidad de mejorarlas y hacerlas crecer.